Tuve un sueño

Soñé que el Gobierno veía en el “No” de Cobos una oportunidad en vez de un fracaso. Que aprendía de sus errores y se preguntaba si no había algo que en realidad había entendido mal desde un principio.

Soñé que el Sr. K daba un paso al costado, porque se daba cuenta que en realidad nadie lo había votado (ni siquiera dentro de su propio partido) y sospechaba que tanta demostración de “fuerza peronista” estilo ‘40 -pero sin carisma ni convicciones sociales reales- no lo iban a llevar a ninguno de los lados donde hubiera deseado llegar.

Soñé que la Dra. Cristina Fernández había madurado, que dejaba a un lado su capricho de soberbia y volvía a su viejo amor: su espíritu legislativo y sus ansias de democracia representativa y federal.

Se convertía gradualmente en una gobernante justa, con capacidad de dialogar y buscando siempre la cooperación por sobre la coacción.  Una Presidente que cambió el rumbo de la Argentina, no con autoritarismos, sino con amor (no amor al poder, sino amor al prójimo).

Era tan claro mi sueño que hasta recuerdo escucharla por la tele, no… no era cadena nacional; era una enriquecedora conferencia de prensa en la que se agradecía a sí misma por haber elegido a Julio Cobos como vicepresidente y le agradecía a éste por apoyarla incondicionalmente, sin perder la coherencia.

Que se equivocó -es verdad, y lo reconocía- pero que errar es humano y perdonar es divino. Y sabía que dentro de cada corazón argentino había un Dios. Lo sabía porque ella había encontrado el suyo en aquellos momentos de tribulaciones y desencuentros. Que había llorado de impotencia, por no poder encontrar una salida, pero que se sintió aliviada cuando su vicepresidente supo jugarse por la democracia, aun frente las posibles represalias del arco oficialista. Fue allí cuando, entre un ataque de furia y el desconcierto, vio “la luz”. Comprendió que todo aquello tenía una razón de ser, que ella era artífice de su propio destino, con el agregado que sus decisiones impactan directamente sobre los destinos de los ciudadanos de su país y por ello tenía una gran responsabilidad sobre sus hombros.

Dijo también que quiere ser la presidente de  TODOS los argentinos y ha comprendido que para ello debe reunirse periódicamente con los dirigentes de la oposición y de los sectores sociales, para conocer otras realidades distintas a las del poder, ya que las visiones de sus asesores distan de la realidad de la gente del pueblo. Si algo había aprendido con este conflicto es a ser más humilde y a buscar la opinión de la gente que entiende sobre sus propias necesidades.

Se emocionó cuando dijo que quería ver a una Argentina unida, de cara al futuro; que si bien equivocó el rumbo, creía que ese traspié en realidad había ayudado a recomponer el tejido social de los que bregaban por intereses particulares, en pos de un bien común.

Incluso hizo un chiste acerca de que los hombres no saben estar en la cocina, y por eso es mejor que salgan a conseguir el pan en vez de amasarlo (en clara referencia a su marido).

Se mostró aliviada, estaba feliz. A su lado estaba Cobos y los nuevos integrantes del gabinete. Gente con principios, pero sin extremismos. Hombres y mujeres capaces, trabajadores que tienen claro que gobernar no es imponer, sino arbitrar los medios para el crecimiento del país y de su gente.

Era tan hermoso ese sueño que no quería despertar… aunque, si despierto ¿Se hará realidad?

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Comentarios

[…] inteligente que tiene capacidad para reingresar a la Nación a la senda grande del desarrollo. Muchos tenemos ese sueño, y por estos días estamos esperando señales. Aún no ha ofrecido nada nuevo, pero también […]

[…] la esperanza es lo último que se pierde, hay que diferenciar esperanza de ilusión e ilusión de […]

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